El whisky se disfruta de forma diferente en todo el mundo, y cada país tiene sus propias tradiciones para mezclar y maridar esta bebida emblemática. La práctica de diluir el whisky con otra bebida surgió por primera vez en Estados Unidos, donde se suele disfrutar con cola y hielo. El zumo de fruta también es un complemento popular en EE. UU.
En Escocia, el whisky de malta puro se suele disfrutar con agua o con unas gotas añadidas al vaso. El whisky escocés, por otro lado, suele mezclarse con agua con gas o servirse con hielo. Los canadienses prefieren diluir el whisky con tónica, agua o Schweppes, mientras que en Irlanda, el whisky suele tomarse solo. Sin embargo, en climas cálidos, los irlandeses pueden añadir agua y hielo, y en los meses más fríos, el café irlandés (whisky con café caliente) se convierte en uno de los favoritos.
En Inglaterra, el whisky se suele mezclar con café, donde la proporción de alcohol respecto a otros ingredientes es menor, o se combina con soda en los restaurantes. Los italianos disfrutan maridando el whisky con jugo de uva y vermú, mientras que los alemanes optan por el vermú infusionado con hierbas alpinas, que aporta un toque terroso al intenso sabor del whisky.
Los jugos dulces o refrescos se añaden con moderación, generalmente siguiendo la proporción ideal de tres partes de whisky por una de mezclador. Este equilibrio garantiza que el whisky siga siendo el sabor predominante, permitiendo que su regusto distintivo se destaque, incluso al disfrutarlo con otros ingredientes.
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